Un viaje a mi interior, a mi SER

Un viaje a mi interior, a mi SER

 

A veces en las tardes de domingo, realizo muchos viajes para poder reflexionar sobre la vida y alistarme para la semana agitada y aterrizar con energía y de la mano de Dios en el mundo laboral.
Hoy 15 de septiembre, visito, a través de una amiga del colegio, el canal de MIDI en Francia y el camino de Santiago, uno de mis pendientes en mi vida real. Es fascinante ese agotamiento de caminar y caminar, y a la vez esa satisfacción de bien-estar. En medio de este paisaje decido escribir.

Confieso que estoy viviendo uno de los momentos más interesantes de la vida. Haber encontrado mi propósito de vida, gracias a Dios y a BIRKMAN, y vivir en coherencia me llena el alma.
Sin embargo, debo decir que mi estado actual es el producto de muchas cosas y como decidí que quiero dejar huella, me he propuesto contar apartes de la vida sin recelo y transparencia.
No puedo negar que he vivido mucho y muy maravillosamente. Doy gracias a Dios y a la vida por ello. Hace ya más de 10 años, mi rumbo cambio y a los ojos del mundo quizás es difícil de entender esa transformación y cambio, qué más da.

Hace 10 años era otra, una mujer con todo lo que se puede decir de una mujer de éxito: Compré en ese momento el apartamento de los sueños, viajé por el mundo entero, conocí gente de muchas naciones, me enamoré muchas veces, gastaba sin cuidar el futuro, era de las mujeres más reconocidas en la comunidad de la energía, tenía un hijo que prometía ser exitoso. Elegante y vanidosa siempre muy bien vestida, armoniosa en mi postura, llamativa para el sexo opuesto y envidiada por el sexo femenino. Muchas relaciones de importancia, comidas hasta la larga noche y un mundo de conexiones increíbles Sin embargo, no era feliz, caí en la enfermedad y quizás en la depresión por casi 2 años. Hasta el médico diagnosticó fibromialgia, una enfermedad para dejar de hacer.
¡Era exitosa, muy exitosa, muy reconocida, muy querida, bella más no feliz!

La amistad con el Ser Supremo y su amor infinito, me llevaron a New Orleans y en medio de una maestría de negocios, en busca de mi ser, de mi dialogo con Dios, encontré al Birkman, que me apoyo a encontrar mi camino, el que vivo hoy en día. Saber que tenía tanta luz interior, me devolvió la confianza y me hizo comprender tantas cosas sobre los otros, que supe en ese año 2008/2009, el camino a seguir adelante.

Inicié un camino más difícil, pero más abundante, entendiendo abundancia como la riqueza interior y la vida en coherencia. Me alejé un poco del mundo exterior y me dediqué a adornar el mundo interior, a adornar el alma con el corazón y la mente, a hablar con Dios, a sentir su presencia, a servir, a llevar bien-estar a otros con la misma receta que yo había tenido; a aprender del ser. Decidí adoptar la psicología como carrera y utilizar mi formación estratégica de negocios para lograr entrar en las compañías con un dialogo del Hacer desde el ser.

Aprendí que trotar, había tornado mis piernas de una manera increíble y me había llevado a competir de una manera satisfactoria en maratones y carreras, no obstante, la paz no estaba allí. Adopté el yoga y la meditación contemplativa, frente al Santísimo, en Yoga Space o en mi habitación frente a la cruz, como la práctica de cuidado de mi cuerpo y alimento espiritual. Cambié mis alimentos y aprendí a comer menos, quizás ayunar, con la certeza que es la disciplina la que te permite focalizarte en lo que realmente importa. Aprendí el placer de respirar y ser consciente de ello.

Caminé en Emaús y me acerqué más a Dios, a través de esta práctica.

Me hice coach sin querer, sin proponérmelo. Sólo escuchando a otros, llevando algo de paz a los demás, estudiando sobre el Ser y entendiendo con compasión, la riqueza infinita que existe en el corazón y mente de los demás; sin embargo, no hay conciencia sobre ello y las noticias sobre la depresión, los desastres naturales, las muertes, los ataques, las enfermedades, agobian.

Entendí que un coach, más allá de la nominación que se solicita y que es valioso obtener, es apoyar a otros a “lograr ser la mejor versión de sí mismos”, es influir en otros para que eleven su nivel de conciencia, es empoderarlos, es hacer que se reconozcan como seres únicos e imperfectos, con sus valores, fortalezas, y destrezas.

Doy gracias a Dios cada día que me levanto por haber entendido cuál es el verdadero éxito: no es mojar prensa, ni es el estatus, ni mucho menos el poder. Es vivir en coherencia de lo que somos, es saber prender esa luz interior para que brille el camino a recorrer cada día e ilumine a otros a encontrar su verdad.

 
 

María Reina

 

 
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