¡El estrés nos acecha! Hay que decidir ya, el cliente no espera, el cambio es diario. Las redes exigen respuesta, la inteligencia artificial avanza más rápido de lo que alcanzamos a asimilar, y el teléfono —y el WhatsApp— no dejan de vibrar.
Así transcurren las rutinas de las organizaciones, de las personas, de la humanidad. ¿Es eso vida? Detrás de ese ritmo se esconde una pregunta que hoy define la sostenibilidad de las empresas: la del bienestar organizacional. Buscamos el bien-estar en un spa, en una clase de yoga, en una práctica de meditación… Bien-estar… Wellness…, la palabra o el estado soñado. Pero ¿cómo tomamos conciencia de que muchos de esos hábitos, que parecen ayudarnos a cumplir los retos diarios, en realidad nos quitan la esencia de la vida?
¿Qué es el bienestar organizacional?
El bienestar organizacional no es un beneficio más ni un evento aislado en el calendario. Es la capacidad de una empresa para que sus personas estén bien —de verdad— mientras hacen su trabajo. Y estar bien no se agota en el cuerpo: está en la mente, en el cuerpo, en el corazón y en el espíritu. Es integral y debe conectar esas cuatro partes.
Solemos quedarnos en el cuerpo —nos ejercitamos a diario—; meditamos para trabajar la mente y vivir el presente; amamos la vida y las circunstancias —el corazón en funcionamiento—; y quizás olvidamos el espíritu, que no tiene nada que ver con la religión: es la conexión con un ser superior, en mi caso, Dios.
El bien-estar es estar bien en todo el sentido de la palabra: con uno mismo, con los demás, con lo que pasa allá afuera, con el hacer. Es vivir en función de nuestro propósito y conectar nuestro Ser al Hacer.
El bien-estar es estar bien con uno mismo, con los demás y con el hacer: vivir en función del propósito y conectar el Ser con el Hacer.
Cuerpo, mente, corazón y espíritu: cuatro dimensiones que se conectan
Este equilibrio —cuerpo, mente, corazón y espíritu— es tan necesario como difícil de sostener. La Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo sobre el deterioro de la salud mental y sobre la necesidad de cuidarla con intención. De hecho, desde enero de 2022 la OMS reconoce el síndrome de desgaste ocupacional (burnout) en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11, código QD85) como el resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha gestionado con éxito.
Frente a ello proliferan actividades muy valiosas: yoga, trabajar la calma y la presencia plena —la corriente del mindfulness, para mí la meditación contemplativa—, tomar días libres, adelantar vacaciones, salir de la ciudad, el senderismo, el contacto con la naturaleza. Todas ayudan, y mucho. No obstante, más allá de ese equilibrio, lo crucial —y quizás primordial— es el propósito de vida: vivir en conexión con los valores y con el espíritu.
La inteligencia artificial y la nueva presión sobre el bien-estar
La transformación digital —lo que hace años llamábamos SMACIT (Social, Mobile, Analytics, Cloud, Internet of Things)— hoy tiene un nuevo protagonista: la inteligencia artificial. El uso intensivo del chat, de la IA generativa, ahora de la IA agéntica, de las redes y de las plataformas de colaboración, tan necesario en el Hacer, impacta notablemente el comportamiento de las personas: sus gustos, sus hábitos y, en especial, su estado mental y corporal. Su bien-estar.
Los datos lo confirman. La encuesta Esperanzas y Temores 2025 de PwC muestra que la ansiedad y la incertidumbre por la IA aumentan a medida que las organizaciones aceleran su adopción. A la preocupación por el reemplazo se suma la presión constante por mantenerse actualizado y aprender herramientas nuevas al ritmo del cambio, una combinación que agota. Hoy, más que nunca, hay necesidad de amortiguar y capotear estos estados para no enloquecer.
Lo que cuesta ignorar el bienestar organizacional
Cuando el bienestar organizacional se descuida, el costo es real y medible. Según el informe State of the Global Workplace 2026 de Gallup, el compromiso (engagement) de los empleados en el mundo cayó al 20 % en 2025 —su nivel más bajo desde 2020— y esa desconexión le cuesta a la economía global cerca de 10 billones de dólares en productividad, alrededor del 9 % del PIB mundial. En paralelo, el 40 % de los trabajadores reporta estrés a diario.
Hay una señal esperanzadora: el bienestar (la proporción de personas que «florecen») subió levemente al 34 % en 2025, y América Latina fue de las regiones que más avanzó. Pero el mensaje de fondo es claro: sin bienestar, se compromete la capacidad estratégica de la compañía, se frena la innovación y el talento deja de conectarse con su propósito.
Qué están haciendo las organizaciones (y qué falta)
Varias empresas han sido pioneras en poner el bienestar en el centro. Google popularizó la idea de dedicar parte de la jornada a proyectos personales que aporten a la compañía; Meta y Airbnb ayudaron a instalar la noción de «experiencia del empleado», con programas de beneficios, formación y pertenencia. En Colombia, cada vez más compañías cuentan con programas de bien-estar: prácticas de motivación, recuperación del estado de flujo, actividades de interés, salidas al aire libre e interrelación con la naturaleza.
También crece un movimiento global en torno a la tecnología transformativa (Transformative Technology), que incorpora realidades inmersivas y neurociencia al servicio del bienestar del cerebro. En María Reina Consultores seguimos de cerca estas conversaciones sobre el Ser para el Hacer.
Grandioso. No obstante, los horarios flexibles, el salario emocional o el gimnasio como parte del bono son necesarios, pero no suficientes. Lo crucial es entender, casi de manera individual, el propósito de vida de cada persona y su conexión con el propósito organizacional.
Más allá de las «arandelas»: propósito y entorno CRIO
El entorno CRIO —Complejo, Rebelde, Insensible, Oscuro— nos invita a asumir nuevos retos, a pensar lo impensable, a renovarnos y a renovar nuestra forma de ver y de hacer las cosas. Cada día los colaboradores valoran más lo que las organizaciones ofrecen en bienestar y en «arandelas» a la compensación: más independencia, menos restricciones de tiempo, flexibilidad. Pero, por encima de todo, buscan sentido.
Por eso es crucial conocer las distintas motivaciones de cada persona; entender qué la mantiene en estado de flujo o de productividad extrema; y, más allá de ello, saber quién es quién en la organización, cuáles son sus necesidades, su Ser para el Hacer.
El autoconocimiento como raíz del bienestar: el método Birkman
Nuestra metodología incluye el análisis Birkman, entre otras variables, considerado una de las mejores herramientas del mercado para el autoconocimiento y la autogestión. La experiencia nos demuestra que el mejor estado de bien-estar ocurre cuando alguien recibe su Birkman, se encuentra con su Ser, se acepta y descubre que hay sombras —sí—, pero sobre todo luces para capotear el entorno.
Conclusión
El bienestar organizacional no es un lujo ni un extra: es integral, y conecta cuerpo, mente, corazón y espíritu con el propósito de las personas y de la empresa. Pasar del bien-estar al estar bien es, en el fondo, conectar el Ser con el Hacer. Ese es el camino.
¿Cómo está el bienestar de tu organización?
| En María Reina Consultores creemos que el bienestar y el desempeño no son opuestos, sino el mismo camino visto desde dos ángulos. Por eso diseñamos Bienestar para la Transcendencia, nuestro programa para ayudar a los equipos a reconectar el Ser con el Hacer y a construir cultura, liderazgo y hábitos sostenibles.
¿Quieres saber cómo está el bien-estar real de tu equipo hoy? Contáctanos y agenda una conversación para diseñar una estrategia a la medida de tu organización. |
Con cariño,
María
María Reina Consultores
«del ser para el hacer»







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