Cuidemos de nuestro SER para el HACER

“Es a través de tu cuerpo que te das cuenta de que eres una chispa de Divinidad”

B.K.S. Iyengar

A finales de 1800, ocurrió un encuentro, a la salida de un teatro, entre la ciencia y la sabiduría, que se recordará por siempre. Nicola Tesla, el científico que le expresó a occidente la existencia de lo invisible y Swami Vivekananda, el yogui conocido por ser el nexo decisivo entre los antiguos Vedas y Occidente y alumno de Sri Ramakrishna Paramahamsa, mejor conocido como la reencarnación del Brahman Supremo. En aquel momento, surgió un término que sería para Tesla la confirmación de toda su investigación, el prâna, entendido como la fuerza vital, como el invisible con el que nuestro espíritu se nutre. Tesla comprendió que cuando él mismo hablaba de energía, en realidad ambos estaban mencionando lo mismo, “Si quieres entender el Universo debes pensar en términos de energía, frecuencia y vibración”.

Si quieres entender a Dios, entiende lo que El quiere de ti, mira la naturaleza y respira ese amor profundo y esa energía.

La energía, es la manifestación de aquello que es invisible, que hace parte de nuestra Fe y es esa fuerza que circula entre y desde toda manifestación de vida. Cuando hablamos del Ser, estamos reconociendo que nuestra propia existencia se conforma de algo más que un cuerpo físico y que en esencia, tenemos el deber de reconocer que nuestra mente, nuestro espíritu y nuestro cuerpo se integran y hay conexión con el espíritu, en mi caso Dios. A partir de la contemplación, surgen prácticas espirituales como el amor a Dios, el Yoga y la meditación y dentro de estas, no es fortuito que uno de los ejercicios básicos que se plantean sea la toma de conciencia de nuestra propia respiración.

La respiración no es más que el ejercicio natural de nuestro cuerpo de alimentarse de la energía vital, mejor conocida en el yoga como el pranayama, y que intenta hacer que la energía vibre en su frecuencia correcta, liberándola de condicionamientos como la angustia, el estrés, las ilusiones y las expectativas. Al comprender que alimentamos cada pequeña célula de nuestro ser a través de la respiración, entendemos la importancia de una respiración consciente. Para Eliza Bishop, Yogui occidental, el ejemplo por excelencia para entender cómo debería ser la práctica ideal del pranayama, lo encontramos en la respiración de un bebé, pues en ellos hay un fluir perfecto y libre de presiones, donde aparece la calma, la serenidad y donde la energía se mueve en todo su esplendor.

El ejercicio de la respiración es un llamado al sentir y gustar del tiempo presente, es la capacidad de dejar de lado las cargas innecesarias para disfrutar del placer de vivir el instante. Es el paso a paso, en el que no importa el aire que ya se salió, ni el aire que nos llenará de nuevo, sino que se le da la importancia a cada momento, a un presente constante y desde la activación de la conciencia, un llamado a estar en el ahora, ayudándonos a alinear nuestro Ser para el Hacer

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