Destrezas para la nueva normalidad

Son muchos las emociones que la humanidad entera acoge a los 120 días de cuarentena; son muchas los análisis que como consultores del Ser para el hacer y otros de capital humano hacemos de lo que recogemos de nuestros clientes con relación a la motivación, al «engagement», el resultado y la productividad.  Lo único cierto es que la nueva Normalidad es la realidad y que ya hay empresas extranjeras como colombianas que declararon que no requieren a sus empleados en las oficinas, ni que regresen al usual sitio de trabajo en este año.

Así las cosas, las emociones se intensifican y creería que son más las negativas, que las positivas: temor, cansancio de la virtualidad, rutina versus comodidad, mejor uso del tiempo, confort. Las organizaciones tienen y tendrán un reto muy grande para mantener “el engagement”, la motivación, la productividad y en especial el trabajo colaborativo de equipo para lograr crecimiento exponencial. Como todos, trabajamos en grupo virtualmente, sin embargo, con el pasar de los días, la ansiedad es peligrosa, la impaciencia aparece, los ojos se agotan y un cierto desánimo nos abruma.

El poder de la persuasión se pierde en la virtualidad. El de la negociación también.  La expresión facial y corporal forma del lenguaje no verbal lo perdimos con la virtualidad. [1]

Entonces el reto de las organizaciones es definir las competencias que se requieren para esta Normalidad presente y trabajar por mantener y ojalá mejorar los estándares requeridos.

Como consultora boutique que mide competencias, blandas y técnicas sugerimos aquellas que considera un cliente de Birkman: la NASA para seleccionar a sus astronautas; traigo a colación una historia que ya conoce mi comunidad. “se imagina a un astronauta en plena misión en la atmosfera declarando ¿será que lo logramos?»

Son ellas: “carácter optimista, confianza en sí mismo, responsabilidad, espíritu emprendedor, audacia-coraje, tranquilidad ante la incertidumbre, disposición para trabajo en equipo». Todas ellas muy oportunas en este nuevo escenario, aún el espíritu emprendedor verdaderamente fundamental si lo asimilamos con la innovación y definición de nuevas formas de hacer las cosas, “el intra– emprendimiento”.

Necesitamos entre todos subir la serotonina, acelerar la oxitocina, mantener el foco y colaborar por mantener esas emociones positivas, a pesar del encierro, y a pesar de la incertidumbre, y entre los grupos de trabajo mantener el cuidado grupal, el ejercicio colectivo, la música compartida, el juego serio y no tan serio y esa seguridad psicológica mencionada en la carta de la semana pasada.

Es claro que las emociones positivas nos inspiran y amplían la mente, lo dice Bárbara Fredrickson, [2]  nos irradian optimismo, nos impulsan a la curiosidad, nos mantienen alerta y son necesarias para abordar el presente.

Así como nos miden la temperatura en cada recinto que entramos por el COVID, como líderes en recursos humanos es recomendable medir esas emociones positivas, impulsar los 15 minutos de yoga y respiración consciente y compartir, entre varios, una lectura amena no necesariamente de trabajo.

La psicología positiva promueve la risa como instrumento para subir la serotonina, igualmente la medicina alternativa promueve el omega 3 y vitamina B 12 como sustancias que apoyan el ánimo.

María Reina Consultores los invita a leer nuestras reflexiones “del ser para el hacer” y a oír la recomendación de la semana. A “vivir la vida con virtud” como dicen los estoicos y enseña el profesor Kofman, dando lo mejor que se puede cada día y aceptar el presente como una bendición y no como maldición.

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[1]  La expresión facial y corporal como parte de la comunicación.

[2] Psicóloga de la Universidad de Carolina del Norte, trabaja en temas de felicidad.

Transformación individual vs Transformación en la organización

*4to artículo de una serie de 5 *

Fascinada con la transformación de las compañías, quizás influenciada por un libro recomendable El ego es el enemigo de Ryan Holiday, hoy quiero hablar del “ego» de las organizaciones y del ego individual.

Si bien el ego organizacional es positivo porque trasluce el orgullo de los individuos que hacen parte de la misma y deriva en ese GRIT (pasión + compromiso) que incentiva las iniciativas, promueve el trabajo en equipo, la colaboración para el óptimo desempeño, ese sentimiento del “ego organizacional” puede aminorarse por el ego de los individuos. En el Birkman hablaríamos del reto y se relaciona con la autopercepción y la importancia que un individuo le da a su imagen frente a otros.

Este ego, como Ryan dice, puede ser nuestro enemigo en cualquiera de los 2 casos, si es alto, es difícil aceptar la crítica por lo general y asumir que es el mundo el que falla, sentimiento que no es sano en un ambiente de trabajo de equipo, y si es bajo (reto alto) se pierde la confianza y la exigencia intranquiliza e impacienta, se ponen en duda las capacidades, se pierde la practicidad y quizás pueden demorarse  los altos desafíos de la organización.

No se trata, ni mucho menos de juzgar, se trata de conocer lo que somos, manejar y “domesticar ese ego». Se trata de generar una red de apoyo.

Las organizaciones se transforman cuando sus individuos alcanzan un nivel donde se avanza con el ego organizacional y se relaja el ego individual; se busca más el bien común, el rendimiento colectivo, se genera una colaboración genuina y se trabaja por el crecimiento conjunto resultado de la cooperación.

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