Hacia el verdadero engranaje del SER

El verdadero privilegio de vivir es ser nosotros mismos

-Joseph Campbell.

En un mundo, donde la perfección y la excelencia se han convertido en el fin último de la propia existencia y en el que nos obligamos a ser lo que el exterior nos demanda, nos hemos volcado a un camino de desconocimiento y negación de nuestras propias realidades internas.

Dichas imposiciones externas, nos han llevado como seres humanos, a una etapa donde las emociones son estigmatizadas, sin comprender lo que ellas mismas nos están diciendo. Se nos niega la posibilidad de sentir y también la de expresar aquello que no está alineado con lo que demandan de nosotros y con la sociedad. Nos han delimitado con una línea fronteriza, cuáles emociones son positivas (en la medida en que éstas nos ayudan a lograr ciertas metas y objetivos) y cuáles son negativas (en cuanto obstáculos de las primeras).

Sin embargo, muy poco se nos ha dicho sobre la viabilidad de sentir libremente, de dejar que las emociones fluyan, de poder ver nuestro mundo interior para tomar lo que nos sirve o lo que potenciará nuestra vida. Es quizá por eso que constantemente estamos “luchando” contra esas emociones, porque no hemos sido capaces de verlas a los ojos y entender qué nos están diciendo realmente.

En este punto, la herramienta espiritual de la meditación (en ocasiones malversada como simple técnica de relajación), se hace manifiesta como aquella brújula perfectamente calibrada con nuestra razón de existencia y que nos permite comenzar una travesía en la que no podemos ser visitantes esporádicos, si no que nos lleva de la mano a un viaje hacia lo profundo de nosotros mismos, hacia ese océano de nuestro propio mundo interior, donde está la verdad, nuestra verdad, lo único que verdaderamente necesitamos.

Antes que nada, debemos reconocer en la meditación, el más grande de los regalos que nos estamos dando, y que nos permite vernos en ese gran salón de los espejos para observar nuestras mil caras, para reconocernos, para entender como nunca lo que somos, lo que traemos encima, lo que sentimos o qué nos conforma. Allí sólo importa ese encuentro con el YO verdadero, por lo que no hay lugar a juicios, y los estigmas sobre nuestras emociones, no tienen cabida pues al reconocernos como un océano infinito, logramos entender que nuestras mareas internas no siempre están en calma, sino que en ocasiones nos podemos encontrar con grandes tormentas.

La meditación cobra toda la importancia cuando nos muestra y nos avisa del peligro de que esas tormentas nos pueden desbordar o de que esos mares en calma nos pueden adormecer. Entonces nos convierte en los mejores navegantes o en los mejores aprendices y vigilantes de esos movimientos que finalmente hablan de nosotros mismos a partir del reconocimiento de nuestra naturaleza humana siempre dinámica. Así vemos, que al eliminar la resistencia y aceptar el fluir de lo que somos, entramos en eje y sincronía con nuestro verdadero YO y nuestra razón de existencia.

Para algunos la Meditación, es la esencia de la práctica del Mindfulness, que significa presencia en lo que hacemos. Para mí, la meditación exige más allá de ello y tiene que ver con la “contemplación” por ser un momento de conexión profunda e infinita con el Ser Supremo.

Cualquiera que sea su nombre, o la corriente que se utilice, meditar es salud, es un encuentro, es estar presente, es gozar del tiempo, es observar y hoy nos ayuda en lo que hacemos en María Reina Consultores “del Ser para el Hacer”.

María Reina con la Colaboración de Carlos Arguello
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