La inteligencia espiritual para el liderazgo

Hacía falta en la ecuación del liderazgo, el factor espiritual, tema que para muchas organizaciones sigue siendo un estigma o tabú, dado a que se confunde el término espiritual con las creencias y con la religión.

La inteligencia espiritual, SQ, definida como la «habilidad de actuar con compasión y sabiduría, frente a cualquier situación» por Cindy Wigglesworth, va más allá de los parámetros de la religión que profesamos o que nos inculcaron en la infancia como parte de nuestro programa de vida. Se relaciona, para mí, con la Fe y con esa conexión con la divinidad que nos transmite paz, tranquilidad y una altísima esperanza. Una conexión tan fuerte con ese Ser superior o la naturaleza, en mi caso con Dios, que genera una profunda satisfacción y entusiasmo, aún en los eventos adversos.

Este componente espiritual lo entiendo como la expresión del ser a plenitud, esa conciencia presente de lo que somos y hacemos para ser la mejor versión de nosotros mismos y dejar huella en cada circunstancia y con cada quien que se cruza en el camino.  Es como una tercera vía, para avanzar en la trascendencia en cualquier entorno en la sociedad, en el ambiente, en la familia, y en las organizaciones.

El componente espiritual nos lleva a ser coherentes entre el SER y HACER, a superar nuestras restricciones, a gestionar nuestras emociones, a ejercer la empatía y la compasión en nuestra práctica diaria.  Nos exige la expansión de la conciencia, al reconocer lo que somos, al aceptar con amor nuestra naturaleza, nuestro Ser, nuestro Yo y Ego, a no juzgar a los demás y mucho menos a generar conceptos o percepciones falsas o que no corresponden a la realidad.

La inteligencia espiritual (SQ), es una inteligencia superior que supera la inteligencia emocional y por supuesto la inteligencia cognitiva, que se surte de ellas para desarrollar con apertura, ese camino que se logra de la experiencia, del aprendizaje continuo, del autoconocimiento, del crecimiento en los niveles de conciencia, de la aceptación y de las crisis.

Ese amor por la vida, esa actitud optimista y ese bienestar que se percibe en algunos seres humanos son consecuencias de la inteligencia espiritual.

Entendido este concepto y considerando lo importante de cerrar la ecuación de liderazgo cuando se integra esta capacidad espiritual al Hacer para Ser, si vale la pena mencionar que esta virtud es importante en los líderes y en cierta forma debería evaluarse en las organizaciones, para aquellos que se definen líderes y ejercen influencia en otros. Para mí, es como una inteligencia mayor que permite superar cualquier crisis, afrontar los entornos VUCA, retar las capacidades, vivir con un propósito y alinearlo a las organizaciones, para dejar huella e influir positivamente en las personas y lograr de ellas, su mejor versión.

Estoy segura que cuando logramos integrar a nuestro ejercicio de liderazgo, ésta conciencia superior y espiritual que deriva del ejercicio de la compasión, de la humildad y de virtudes superiores, el resultado será de productividad, de bien-estar, de satisfacción, de motivación, de alineación con un propósito y en especial de impacto positivo a la sociedad.

Maria Reina
“Del SER para el HACER”
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